Cuando me quedé embarazada de mi primer hijo tenia bastante claro que quería parir en casa.
Había investigado un poco y los relatos que escuchaba sobre partos en hospitales me creaban
una angustia brutal. Mi marido no lo tenia nada claro así que contacté con Inma Marcos para
concertar una visita. Su nombre aparecía en varias entrevistas y artículos y se me grabó en mi
mente.

Recuerdo la primera entrevista, su templanza, sus conocimientos y su voz hicieron que mi
marido se fuera abriendo a la idea de un parto en casa y yo me afirmé en mi decisión de parir
con ella. No fue hasta que hicimos el curso de preparación al parto con ella y su equipo que mi
marido, no solo aceptó la idea de parir en casa, sino que, tenía claro que no pisaríamos el
hospital a no ser que fuera totalmente necesario.

El seguimiento del embarazo fue mágico, con sus manos Inma era capaz de saber en qué
posición estaba mi bebé, incluso enseñó a mi marido a tocarlo y escuchar su corazón
haciéndole partícipe de esos momentos.

Rompí la bolsa un atardecer, pero las contracciones eras espaciadas y no parecía que
arrancase el parto. Inma nos calmó y nos contó que si no se desencadenaba antes del
amanecer ya no lo haría hasta que se fuera la luz del sol. Y así ocurrió.


24 horas después de haber roto la bolsa empezaron las contracciones de verdad. Fuimos
hablando con Inma y ella iba sabiendo cómo iba avanzando el parto solamente escuchando
mis gemidos. Llegó el momento en que yo ya estaba ida y pedí a mi marido llamar a Inma para
que viniera. Cuando llegó recuerdo que con solo verme (estaba desnuda de cuatro patas en la
cama) supo de cuantos centímetros estaba dilatada. Me ofreció un tacto para verificarlo que
acepté con muchas ganas. Efectivamente ya estaba de 7-8 cm. Lo que pasó después está
borroso en mi mente, pero recuerdo a ella i marido observando desde la distancia ya que no
toleraba el contacto ni sentirme observada. En todo momento supo y respetó mis necesidades
mientras mi yo animal y mi hijo trabajamos unidos y en movimiento constante para terminar
separándonos físicamente 30 horas después de haber roto la bolsa.

Mi bebé nació en la piscina de partos un 21 de febrero bajo la atenta mirada de Inma i su
padre. Fue una experiencia brutal, animal y preciosa donde me sentí acompañada,
comprendida y respetada. Ese acompañamiento no terminó el día del parto. Durante el primer
mes estuvo dando apoyo físico y moral a unos padres primerizos cargados de dudas y
inseguridades. Eso hizo que recuerde mi posparto con cariño y ternura.

Cuando quedé embarazada de mi segundo bebé, Inma fue la primera persona en enterarse.
Era inconcebible para mi familia no parir con ella, y la magia volvió a ocurrir.


Nunca estaré suficientemente agradecida a Inma por haber brindado la oportunidad a mis
hijos de tener la mejor bienvenida posible, por ser la primera persona en confiar en ellos
plenamente y por hacerme capaz con su presencia. Ets peça clau en la historia de la nostra
familia, mil gràcies Inma!

 

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