Tu viaje (Agnès y Gabriel)

TU VIAJE

Ver la vivencia de Isaac (el padre).

Hoy hace dos semanas de tu nacimiento, Gabriel. Siento que si pasan más días sin poner palabras a este gran momento los detalles van a diluirse. La esencia nunca, nunca la olvidaré.
La elección de vivir el parto en casa viene de antes de quedarme embarazada… Siempre he sentido que el nacimiento no es un acto médico, y si, sagrado, mágico y natural a la vez.
Tuve la inmensa suerte, el gran regalo, de acompañar a mi hermana

en su parto, en un hospital.
Como todo nacimiento, fue un milagro, y fue en el entorno adecuado ya que mi hermana lo escogió.
Después de sentirme muy agradecida y privilegiada por poder estar presente en el nacimiento de mi sobrina, sentí aún con más fuerza que para mí no sería el entorno escogido, ni por los tiempos, ni por las prácticas… pero sobretodo por la falta de conciencia de lo que se vive en un momento tan importante, que a pesar de ser natural y cotidiano para los profesionales sanitarios, no deja de ser un milagro, un gran privilegio y una gran responsabilidad. Así que el recuerdo mágico de aquella vivencia nos lo guardamos con mucho amor, la gran mujer que parió a la preciosa niña … y yo, que con mucho respeto hacia ellas dos, me sentí una invitada de honor.
El proceso de nuestro embarazo lo he vivido muy fluido, fácil y feliz. Feliz de sentirme habitada cada vez con mayor presencia por ti, hijo precioso, pequeño e inmenso a la vez. Me siento profundamente agradecida de haberme transformado, que me hayas transformado en tantos y tantos sentidos… nueve meses para desaparecer en parte y, al mismo tiempo, sentirme yo misma más que nunca. Un privilegio haber nacido mujer.
Te cuento cómo fue…
Casi a la semana cuarenta y uno, falta solo un día, se inicia el parto, de golpe, muy de golpe. Supongo que el proceso de preparto lo hemos ido haciendo progresivamente y de forma indolora ya hace dias…
Recuerdo que es martes y que me apetece cenar y acostarme temprano. Es un día movido en el exterior y yo no puedo prestar atención a nada externo. Necesito muchísimo estar presente. Habitar 100% el cuerpo y el aquí y ahora es la máxima re-evolución a hacer… Necesito cueva, mucha cueva, como en los últimos días del embarazo…
De repente, a las 23:30 h, me avisas que ya ha llegado el gran momento ¡que ya estás preparado! Lo haces con una gran contracción que no tiene color comparada con las otras, la siento intensa y dolorosa y me hace poner repentinamente de cuatro patas sobre la cama. Llamo a Isaac, tu padre… en la primera cree que se trata de una contracción más pero en la segunda viene enseguida y ambos sentimos que va en serio. Contracciones irregulares pero muy seguidas: 3, 7,11 minutos como máximo.
Siento la necesidad de ponerme en la bañera con agua calentita… en la pequeña bañera de casa que tanto me alivia en estos primeros momentos.
Un poco incrédulos, todavía, decidimos llamar a Inma… Isaac le informa y luego hablo yo desde la bañera. Recibo una voz dulcísima, tranquila, contenta de que se haya iniciado el parto. Me encanta recibir todo esto, me da muchísima confianza.
Mientras ella y Roser están de camino, Isaac prepara todo lo que pensábamos hacer juntos durante el pre-parto. No da abasto ya que en cada contracción le pido que me tire agua caliente por la espalda, después cuenta la frecuencia y duración de las contracciones y en las pausas cada vez más cortas escucho que prepara las cosas necesarias para el parto… cubrir sofás, sacar material, poner agua al fuego para preparar infusiones… y también llama a mi madre que quiere estar informada de cuándo se inicia tu viaje y enviar mensajitos a diferentes mujeres y amigas, que al igual que ella, quieren conectar con nosotros, meditando, enviando luz y fluidez…
Y tanta fluidez, ¡poco pensaba que en cuatro horas y media te fuera a abrazar, Gabriel!
En menos de una hora llegan Roser e Imma. Cito los tiempos porque los puedo ir siguiendo en el partograma que ellas han detallado
ya que durante tu viaje, el tiempo ha dejado de ser tiempo y aún sucediendo rápido y fluido, esta dimensión tiene otra intensidad que no se puede medir con reloj.
Llegan tranquilas y me comentan que por la intensidad y frecuencia de las contracciones seguro que estoy dilatando rápido. En el agua de la bañera de casa flotan coágulos de sangre que también indican la dilatación, yo estoy semisentada.. las dimensiones de la bañera no me dejan otra opción, me muevo hacia el lado izquierdo. Días después Imma me comenta que al ver la posición entendió que mi cuerpo la adoptaba para facilitar que te situaras hacia este lado. La misma mañana aún estabas en la derecha y curiosamente te habías “desencajado” un poco. Yo creo que lo hiciste para coger impulso.
Escucho desde el baño como van montando y llenando la piscina. Cuando está a punto me acompañan, ¡cuánto espacio ahora…! me siento como un pez liberado en el mar.
Puedo moverme, puedo acompañar tus movimientos, como si bailásemos.
Siento gran intensidad en los contracciones, pero ahora mientras escribo, no me es posible conectar con el dolor. Recuerdo que estaba, pero a diferencia de otros tipos de dolores vividos, físicos o emocionales, a éste ya no puedo acceder. Está tan integrado, tiene tanto sentido, me acerca tanto al momento de abrazarte.. que siento que debería definir esta intensidad con una nueva palabra.
Llegas como olas y gritar me libera muchísimo. Necesito estar de lado estirada, haciendo movimientos ondulantes con todo el cuerpo. Isaac a mi lado fuera de la piscina (necesito todo el espacio del agua) me sostiene en muchos sentidos.
Me besa, me anima, pero sobre todo está y es su presencia la que me ayuda y me acompaña.
Tanto él como Inma y Roser me siguen echando agua en cada contracción. Ellas están, también, muy presentes y respetando nuestro espacio, van comprobando tu latido detrás de cada contracción. Me anima sentirte y que me digan que estás contento y que vienes muy decidido. Sintiendo esa velocidad, en algún momento de la dilatación pido una pausa, como una especia de petición
“a la carta”. Pienso que si fuera un ritmo más tranquilo también sería menos intenso… pero es como es, estoy mas cerca de rendirme.
El movimiento, el sonido, la respiración, me ayudan … Inma me sugiere que me conecte con vocales graves, ya que las agudas, que también me surgen, me hacen “subir” demasiado. Con las vocales graves optimizo la fuerza y bajo hacia el canal del parto y hacia la tierra. Sigo semiestirada de lado, en parte, porque así estoy toda cubierta de agua, pero sobretodo porque tengo miedo a cambiar de posición, a abrirme como si me fuera a romper. Sé que lo tendré que hacer, que con las piernas cerradas y de lado no pariré, pero necesito mi tiempo.
Grito con la boca muy abierta. Imma me comenta: “como una leona”, y parece irónico, pero yo pienso “pobres leonas que no tienen piscinas”. Me vienen muchos animales a la mente. La mente está presente, sobretodo a un nivel visual, no la desconecto, pero funciona de otra manera…
Las contracciones, como grandes olas, son casi seguidas, sin pausa. Imma me sugiere cambiar de posición. Me pongo de rodillas, cojo fuerte a Isaac, le araño, le muerdo. Él continúa firme, muy presente y amoroso.
Todo cambia en la nueva posición, necesito empujar, Isaac me abraza fuerte, yo empujo fuerte. Estoy cansada y tengo miedo, lo verbalizo. Roser, de manera muy dulce y adecuada, me dice que pruebe a atravesar el miedo. Me siguen viniendo animales… Y ya que la mente está activa, intento que ayude, pruebo a visualizar el cuadro que pinté como una preparación al parto que nos acompaña en la pared, la matriz-cueva abriéndose al agua. Me ayuda también visualizar un camino con árboles y lobas que avanzan conmigo.
Percibo la realidad de una forma nueva, las voces, la música, el espacio externo e interno, la piel, el olor indescriptible que impregnará la casa con tu llegada.
Dirijo la respiración hacia el canal del parto, abriéndome. En algún momento pregunto si todo va bien, necesito que me confirmen que
puedo hacerlo. Imma me va indicando algunas fases que a continuación siento, como una guía silenciosa y presente… Siento presión en el culo, el aro de fuego en la zona vaginal y finalmente la fase “tortuguita” en la que subes y bajas preparando la salida…
Tengo miedo a morirme, es una sensación muy profunda que va más allá de lo físico… Sigo el camino, la intensidad… Hasta que me rindo, me entrego a lo que tenga que suceder y que esto pueda dar paso a tu nacimiento.
Roser me anima a tocarte la cabeza, que dice que ya se ve por la vagina como el tamaño de una naranja. Tocarte me da mucha fuerza.
Conecto más que nunca contigo, confío en ti, me abandono. Siento que tu confías en mí, tu sabes nacer, tu sabes. Lo tienes claro y vienes muy decidido. Durante el embarazo y sobre todo los últimos días he sentido tu fuerza, te he sentido muy sabio y yo muy afortunada.
Tras este abandono hay una pausa, la más larga, un silencio muy especial y a continuación el gran milagro, el menos doloroso, lo más placentero… ¡Naces! ¡en una sola contracción vienes disparado a la vida!
Tan rápido que a Isaac no le da tiempo a cogerte, él continúa abrazándome, haciéndome el mejor soporte del mundo.
Te acompaño del agua hacia mi pecho y lloramos los dos. Tu padre entra enseguida al agua y nos enamoramos los tres al conocernos o reconocernos en el mundo del aire con los sentidos muy despiertos y aún calentitos en el agua que nos ha acompañado.
Me siento profundamente agradecida por haber podido elegir y acompañarte en tu viaje de una forma respetuosa, sagrada, animal y muy consciente.
Con unas inmejorables profesionales que llevaré siempre en el corazón. Con tu padre muy presente, mi amor, mi compañero y amigo. Con el apoyo de la familia, de mis padres, de mi madre, la que me parió, la gran mujer que ha transformado en poco tiempo el miedo derivado de mi elección de parto en aceptación y confianza. Y con las amigas, amigos, las personas que te quieren y han estado presentes en todo el proceso.
Siento que vivirlo así me ha nutrido muchísimo, se trata de un gran tesoro que me acompañará y me dará fuerza toda la vida como madre y como mujer.
¡Gracias amor!

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