Tere y Gael

El parto fue complicado, no necesariamente el día mismo de la llegada de Gael sino las últimas semanas y ver como por más que planificas exhaustivamente un proceso todo puede cambiar de un momento a otro, sea por stress o por las circunstancias del momento, no importa cual, lo cierto es que, lo que pensaste que sería, termina siendo otra cosa. Hasta ahora es un poco críptico todo esto, pero ya verás.

Desde que la Tere salió embarazada empezamos a tratar de decidir que tipo de parto queríamos tener. Mucha lectura e investigación, la única cosa clara es que no deseábamos nada muy medicalizado, como es común aquí en España. España cuenta el  porcentajes más alto en cesáreas e intervenciones a la hora de parir de toda la Unión Europea. Después de haber vividos un poco expectantes el parto en casa de Yve nos entrevistamos con un grupo de comadronas que tienen un grupo llamado Néixer a Casa (http://http://www.neixeracasa.com) en donde trabaja Inma, la comadrona que asistió a Yve. Desde el segundo mes Tere se sintió súper confiada con ellas para llevar el proceso del parto de Gael.

El embarazo fue muy vigilado ya que el hipotiroidismo de la Tere podía traer alguna complicación, mes a mes exámenes de laboratorio y ajustes en la medicación para la tiroides. Además, continuó con la practica de yoga adaptándola a los cambios por el embarazo, rebirthing y otros cursillos más nos sumergió completamente en el parto natural en casa.  Reformamos el pisito en que vivimos (el que conocisteis) y planificamos el trabajo para que los últimos tres meses y dos meses posteriores lo tuviésemos sin trabajo y dedicarnos completamente a Gael. Así fue y así ha sido. 🙂

El embarazo fue bien en todo momento, desde la semana 36 Gael ya había bajado encajándose en la pelvis y la panza empezaba a bajar rápidamente. De hecho, eso llevó a las comadronas a pronosticar un parto adelantado, a partir de la semana 38 aprox. Todo el mundo veía a la Tere en la calle y no creía lo bajo de la panza, además en el cuerpo menudo de ella era aún más notorio. Los planes del parto en casa solo lo conocían dos personas más: Yve y Mau (su pareja, los cuales desde hace tiempo se han convertido en nuestra familia aquí con sus dos hermosas hijas Abril y Amanda) El resto sólo sabían que vendrían unas comadronas a casa  a ayudarnos en el proceso de dilatación y luego el expulsivo sería en una clínica. Los padres de Tere no sabían nada dado que su conservadurismo nos hubiese llenado de discusiones eternas estériles y con mi mamá, sencillamente está muy nerviosa últimamente y no queríamos someterla a ese stress, ya con la separación de mi hermano tenía suficiente y eso le causó una contractura muscular en la espalda espantosa. Por esta razón les dijimos a los padres que vinieran luego del parto y después de las elecciones en Venezuela (la excusa perfecta) además de darles una fecha de dos semanas de retraso para justificar un poco la fecha de su llegada a Barcelona.

Pero las cosas no siempre salen como quieres, llegó las semana 40, 41 y se enfilaba la 42 sin muchos cambios determinantes. Contracciones? muchas y Gael moviéndose como loco en las noches, pero todo bien. La cita con el ginecoobstetra de la semana 40 nos la saltamos (la comadrona y la ginecoobstetra se conocen, supuestamente esta última pro parto natural pero en una clínica). A la semana 41.3 fuimos a un control con la ginecóloga y monitorearon a la Tere y a Gael, todo se veía bien, hasta que hizo una eco y descubrió que había poco líquido amniótico, muy poco. Lo cual le preocupó. “Si fueses mi paciente, te induciría mañana mismo, pero como se que estas con Inma podemos esperar hasta el lunes -era miércoles- sin embargo deberás repetir los monitores el día sábado. No es nada grave, Gael está bien pero debemos prevenir cualquier problema”. Además nos dijo que la placenta presentaba un poco de calcificaciones, característica de envejecimiento. Te imaginarás, salimos cabezones. 

Llamamos a Inma inmediatamente y nos dijo que no, que eso estaba bien, que siempre había tenido poco liquido, que era una panza “muy justita” y que no se podían aislar síntomas sin ver la totalidad, reactividad de Gael, ritmo cardiaco, la salud de la Tere, etc. Vino a casa y lo hablamos y conversamos de alternativas naturales de inducir, a lo cual a ella siempre le parecía demasiado temprano para hablar de ello ya que ellas empiezan con estas opciones solo cuando se llega a la semana 42. A esta altura la comadrona y la ginecóloga se habían “peleado” por la diferencia de criterio. Nos tranquilizamos un poco y decimos seguir esperando, jueves, viernes; nada. El sábado nos pasamos el control y el domingo viendo el estado de angustia de la Tere la comadrona nos recomendó que tomara 40 ml de aceite de ricino que eso podía provocar el inicio del parto. No pasó nada significativo. Las contracciones se agudizaron pero cuando la comadrona quiso ver como estaba e cuello de Tere, nos topamos que estaba completamente cerrado. La matriz no estaba madura aún y más que un embarazo corto podía ser todo lo contrario. Intentamos varias secciones de acupuntura con una chica especialista en embarazos y fertilidad sin muchos resultados.

En el consultorio de la ginecóloga nos hicieron un nuevo eco, midiendo la cantidad de fluido que pasaba por el cordón umbilical y por una de las arterias que están en la cabeza para ver si estaban recibiendo suficientes fluidos y si estaba derivando un poco de la cabeza a los órganos vitales lo cual mostraría envejecimiento fetal. El resultado fue que derivaba un poco, la cantidad de fluidos que recibía era óptima y de líquido no había casi nada. Las opiniones sobre que hacer eran divididas, para algunos especialistas esto puede ser completamente normal siempre y cuando los otros síntomas del feto y la madre sean buenos y para otros que había que inducir. La decisión era nuestra. Asombrosamente, los días los pasábamos relajados, pero las noches se convertían en una tortura psicológica para la Tere. El día que se cumplio la semana 42, la ginecóloga se comunicó con la comadrona para saber como iba y que si nos pasáramos a hacer un nuevo monitor. No lo hicimos.

La Tere estaba rota, sus padres llegaría en 4 días más y yo no sabía cuanto más resistiríamos en este estado de tensión. La noche estuvo llena de contracciones más fuertes y regulares pero ya cerca de la 5.00 am se distanciaron y calmaron. Aquella mañana Yve se vino a casa e Inma a las 9 estaba en casa. Era la semana 42.2

Hablamos entre todos y decidimos irnos a la clínica. Se llamó a la ginecóloga y nos dijo que nos acercáramos al mediodía. Antes de irnos Tere se tomó una ducha y se percató que el tapón mucoso acababa de salir. Sin embargo seguimos con lo planeado y nos fuimos a la clínica. Aquí todo se aceleró y nos hizo ir cuesta abajo en un camino que tratamos de evadir conscientemente. La sala de dilatación era una de las habitaciones más desangeladas que puedan existir. Por suerte nos permitieron en todo momento contar con la ayuda de nuestra comadrona, la Inma. Oxitocina y 3.45 horas más tarde estaba de 9 cm, pero como estaba vocalizando demasiado (ya que no tenia anestesia) esto puso un poco estresados a la gente de la clínica y la comadrona residente de la clínica le hizo un tacto y nos mintió, en vez de 9 cm nos dijo 6 y ante la perspectiva de dos horas más así con la intensidad de dolor que Tere sentía hizo que decidiera ponerse epidural. Antes la Inma nos dijo que no podía ser que estuviese de 6 cm, que no era cierto, pero la situación cada vez aumentaba con la tensión. Para Inma todo estaba funcionado de manera correcta y que en caso de ponerse de parto lo recibiríamos allí mismo en la sala de dilatación pero la comadrona residente decía que no se podía que iba en contra de los protocolos. Así que epidural. No me dejaron por esos momentos entrar con la Tere a la sala de partos. Pero 15 minutos después que entramos la comadrona de la clínica nos dijo que estaba de 9 cm…. nos había mentido, Inma volvía a tener razón.

La sala de parto, la silla de parto. Después de ponerle la epidural los latidos del corazón Gael descendieron por lo cual le pusieron un nuevo fármaco para bajar las contracciones, con epidural goteando en una vena!!! 3 horas y media Tere tratando de pujar sin demasiado éxito, la anestesia le estaba afectando los músculos necesarios para poder ayudar a Gael a descender por el cuello, la cabeza se podía ver atrás, pero bajaba dolorosamente en cada contracción. Los dos últimos pujos la Tere estaba quedándose sin fuerzas y la ginecólogo decidió ayudar con una vacum o ventosa, 10 minutos y después de soportar el dolor de introducir el artefacto Gael descansaba sobre su pecho, esperando que el cordón dejara de latir (por lo menos eso). Eran las 8.35 de la noche.

A los dos dias pedimosel alta voluntaria y nos vinimos a casa, en donde bajo los cuidados y consejos del equipo de comadronas todo mejoró de manera fantástica. Tere está bien y Gael, hermoso. Estamos felices, un poco iluminados por dentro aunque para Tere recuperarse de no haber tenido el parto que quería ha sido más lento. Al final las comadronas dicen que era un embarazo largo y que todo estaría bien. Pero ya ves, para mi, ser testigo del parto en la clínica fue muy fuerte, ver a la Tere pasar por todo ese dolor y como todo este proceso nos ha llevado por otros caminos. Tere quería con el parto tomar control de su cuerpo y de esa manera ganarle la batalla a las dos enfermedades autoinmunes que tiene, no pudo ser. Pero cada vez que la veo como mira hipnotizada a Gael creo que la batalla está ganada. 

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