Asistencia al parto

El parto en casa es una fiesta, en la que los protagonistas son la mujer que da a luz y su bebé. Desde el primer signo de fase previa al parto estaré comunicada con vosotros. Me diréis cuando las contracciones de parto se vuelven regulares e intensas. Aunque ante cualquier duda que se presente siempre estoy disponible para ayudar a identificar la fase de parto en que os encontráis. Como norma general,  voy a casa en el momento en que en caso de haber querido parir en el hospital decidiríais marcharos. En casa la mujer se encuentra en su medio, lo que de por si ya facilita mucho el trabajo de parto.

En un parto en casa domina la penumbra (aunque hay mujeres que prefieren la luz), la serenidad, y el silencio, sólo roto por los sonidos que emite la mujer, y que claramente me van orientando sobre cómo va evolucionando el proceso. Mi función es observar, valorar, apoyar, prevenir, actúo en función de las necesidades de cada mujer, de cada pareja, de cada proceso. Intento mimetizarme con el ambiente de manera que esté pero no se me note, manteniendo alerta los cinco sentidos en lo que esta sucediendo, ya que el resto del mundo se detiene. Cada mujer y cada parto necesitan su ritmo, su tiempo, y nunca dos partos son iguales. Confío plenamente en la capacidad de la mujer para dar a luz, y de su bebé por nacer, y mi papel es acompañarlos vigilando el proceso, de acuerdo, y con plena conciencia de que mi formación es específica para la normalidad.

Dispongo de todo el material necesario para montar una piscina específica para el nacimiento en casa, y siempre es una buena elección donde dejarse llevar por las sensaciones. El agua a temperatura corporal alivia las contracciones, afloja la musculatura, distiende el perineo, y permite al bebé una transición más amable entre el paraíso uterino y el pecho de su madre.

También dispongo de material para solucionar posibles emergencias como una hemorragia posparto o una reanimación neonatal.