Nacimiento de Julen, naciendo como mujer

Para poder llegar hasta aquí, para poder cumplir mi sueño, un sueño que debería estar al alcance de cualquier mujer, tuve que pasar por un parto robado, por un parto en el que sufrí, el que todavía no he sanado y nunca seré capaz de olvidar. Jugaron conmigo, con mi falta de conocimiento, y el día que debía ser el más feliz de mi vida se lo cargaron poco a poco. Mi hija Leire nació hace 29 meses, en un parto inducido, que empezó 12 horas antes con fisura de bolsa y que terminó 12 horas después de la inducción con episiotomía, fórceps y sin poder besar a mi princesa nada más salir de mi.

Yo sabía que ese parto no había ido bien…. que algo se me ocultaba, que habían jugado conmigo. Y en mi entorno empezaron a surgir temas de parto natural…parto en casa… parto respetado. Y ahí empecé a conocer a Néixer a Casa, a Dona Llum, El Parto es Nuestro…

Día 9 de Abril, aparece mi positivo, un positivo esperado y deseado, nuestro bebé estaba de camino, un camino de 9 meses en el que cada día he aprendido algo.

Mi impaciencia rozaba el límite, y aunque el parto en casa me daba un miedo exagerado decidimos ponernos en contacto con Néixer a Casa, necesitaba informarme, conocerlas, todo el mundo habla maravillas de esas comadronas, no me extraña…

Durante esos 9 meses fuimos hablando dudas, intentamos leer todo lo posible, quitarnos los miedos y aceptar la realidad: las mujeres podemos parir, somos mamíferas capaces de hacerlo siempre y cuando tengamos respeto y libertad. He leído y releído partos, he visto videos, siempre soñando cuando seria mi momento…

El día se iba acercando…llegaban las Navidades y mi FPP el 10 de Enero se iba acercando… fuimos preparando las cositas, con mucha ilusión, nuestro pequeño estaba a punto de llegar…

A las 00’30 de día 24 de Diciembre estaba plácidamente dormida, cuando cambié de posición y de repente noté como un chorro de líquido caliente regalimaba por mis piernas, me levanté, me cambié, me puse una compresa pensando que sería flujo y me volví a la cama, cuando de golpe otro chorro volvió a caer en un nuevo cambio de postura… se me hizo raro que fuera de nuevo flujo y no olía a orina, pero el hecho de pensar que era bolsa fisurada me daba miedo… ¿Otra vez como con Leire? No podía ser…

Mandé whatsaap a Laia, me dijo que podía ser fisura, que al día siguiente vendrían a verme… que descansara que todo estaba bien. Esa noche pude descansar, pero empezaron unas contracciones, llevaderas, pero que no era ese dolor de regla de cada noche.

24 por la mañana vino Raquel a hacer la visita, y me confirmó: Bolsa fisurada, pero a diferencia del hospital, aquí no me daban 12 horas para antes de la inducción, así que me invitaron a disfrutar de la Noche Buena y a esperar que mi cuerpo trabajara solo.

Durante todo el día, iban y venían contracciones, eran muy llevaderas, estaba impaciente ya que podía desencadenarse en cualquier momento el trabajo de parto y esa noche teníamos cena familiar, tenía miedo a no saber disimular.

24 por la noche, cena en casa de los padres de Juan… las contracciones son un poco más fuertes… Cuando vienen no puedo evitar poner alguna cara rara aunque mantengo el disimulo bastante bien. Hablo con Luci, tengo demasiado miedo, ella piensa que no queda mucho para que todo arranque, me anima, me vuelve a recordar que es un proceso natural y que llegaremos hasta donde yo quiera. Me derrumbo, lloro pensado en que no seré capaz, tengo miedo de parir, sea en casa o en el hospital, me vienen los recuerdos del parto de Leire

La bolsa sigue fisurada y el líquido cae cada vez más,… me calan los pantalones y ya no puedo disimular… la familia se acaba enterando, me voy a casa, me encuentro bastante mal y estoy incomoda, mi cuerpo me pide descansar. Las contracciones durante la noche son más fuertes, cuando me dan tumbada en la cama y no me da tiempo a incorporarme se me escapa la intensidad y soy incapaz de controlarla. Me doy una ducha de agua caliente a las 3’00 de la mañana, Juan me abraza y me acompaña en cada contracción, recordándome que cada una de ellas es una menos para ver a nuestro pequeño. A las 4 aproximadamente tengo la última hasta las 7 que me despiertan de nuevo contracciones, son llevaderas y nada regulares. Tengo un whatsaap de Luci, preguntándome como estoy, me comenta que con los rayos del sol es probable que todo se estanque y efectivamente así es, sigo teniendo contracciones que aunque duelen, no son nada regulares.

Es el día de Navidad, y viendo que todo se ha estancado decidimos ir  a Barcelona a casa de mis padres a comer. Está toda mi familia paterna y se dan cuenta de mi estado (tengo cara de cansada y en cada contracción mi cara es un poema…). Voy al baño y me doy cuenta que estoy expulsando el tapón mucoso, empiezo a estar muy contenta!! Al menos esas contracciones están sirviendo de algo!

Las contracciones empiezan a aumentar y decidimos irnos a casa… son irregulares pero sobrellevarlas en el coche me cuesta un poco. Llegamos a casa y a las 19’00 viene Roser a dejarnos la piscina de partos por si acaso, de todas formas, me dice que puede ir para largo que sobre todo descanse.

Cenamos cualquier cosa, no recuerdo que fue,  y nos vamos a la cama, Leire se duerme super rápido, son las 22’00 y ya duerme! Qué paz!! Hablamos Juan y yo y decidimos hinchar la piscina por si acaso. Juan se queda dormido y yo voy sobrellevando las contracciones que cada vez duelen más pero si las cojo desde el principio, y hago un pequeño “aaaaa” consigo que sean más llevaderas.

Como casi cada noche estoy hablando por whatsaap con unas grandes amigas, esas que me han apoyado en todo, que me han animado en todo momento y a las que les debo haber llegado hasta aquí. Les comento como me encuentro, se ponen muy eufóricas de saber que cada vez estoy más cerca del momento, les prometo irlas informado.

Son las 23’00 aprox. Y decido darme una ducha con agua muy muy caliente. Noto unas contracciones fuertes y con ellas unas pequeñas ganas de empujar. Me asusto, paro el agua y salgo de la ducha. Nada más salir de la ducha me siento en el váter cojo el móvil y entre dos contracciones les escribo a las comadronas que cada vez son más fuertes, que no son regulares y que siento mucha presión. Roser me dice que la avise en cualquier momento y sobre todo que descanse. Y también escribo a mis amigas de la uni explicándoles como estoy.

Pero de repente todo cambia, me da una fuerte contracción sentada en el váter que me duele horrores y que no soy capaz de controlar, en cuanto acaba decido ponerme de pie e ir hasta la habitación a despertar a Juan. Lo despierto, le digo que me duele mucho, que esto va en serio, que aún no llame pero que llene la piscina. Pero cuando me da la siguiente y al ver que son tan seguidas Juan decide llamar. Me meto en la piscina vacía y me voy mojando con la manguera, con cada contracción las ganas de empujar son más fuertes, Juan está nervioso, tiene miedo, Roser llega (no se ni qué hora es), me siento tranquila, al fin en buenas manos. Lo que más miedo me da es no saber cuánto tiempo queda… ¿Cuánto voy a estar con estas contracciones, porque si estas ya duelen, como serás las finales?  Roser se ríe y me dice “Ya falta poco”, pienso que me lo dice para que no me venga abajo. Luci aún no ha llegado, escucho como Roser la llama y dice: “Si tardas mucho te lo pierdes”, sigo pensando que es mentira…. ¿Cómo puede ser, esto tiene que doler mucho más, no?

Llega Luci y con ella una contracción tras otra, en la que mi cuerpo va solo, en la que mi cuerpo empuja aunque yo no quiera. Noto como mi pelvis se abre y Julen va bajando, es una pasada, tengo la sensación que me voy a partir por dentro, mi cuerpo se rompe en dos. En uno de los pujos noto un quemazón “¡Escuece!” Digo, claro, el famoso aro de fuego. Roser y Luci se ponen muy contentas, me animan en cada momento y ponen el espejo para que Juan y yo podamos verlo, él ha estado en todo momento detrás mío, ayudándome y dándome aliento en cada contracción, sonriendo y confiando en que todo iba genial. Con cada contracción la cabeza sale, pero cuando la contracción acaba se vuelve  a meter para dentro. Me pongo muy nerviosa, “¡No va a salir nunca! “. Les digo. Me dicen que es la tortuguita y que es muy bueno para evitar desgarros. Unos pujos más y la cabeza de Julen ya se puede tocar, no me lo puedo creer!!! Nuestro pequeño ya está aquí!!!

Me informan que en dos pujos cogeré a Julen en brazos, en el primero saldrá toda la cabeza y en el segundo su cuerpo. Cojo fuerzas, respiro, sabiendo que solo quedan dos. Noto que va a llegar, les aviso que se acerca la contracción, están a mi lado y yo cojo fuerza del más allá y empujo con todas mis fuerzas. Noto como un pez que se resbala, Julen ha salido de un pujo, lo cojo de entre mis piernas, Luci deshace una vuelta de cordón que llevaba y lo coloco en mi pecho. Juan sigue detrás de mí, emocionado, me besa, lo besa. No se ha movido de mi lado en todo momento nada más que para darme agua.

Todo parece un sueño, son las 1’53 del dia 26 de Diciembre y tengo a mi pequeño en brazos!! Dejamos el corazón latir, Julen  apenas llora, cuando acaba de latir Juan corta el cordón. El mundo se ha parado, Julen ha llegado, ya somos 4, y mi princesa sigue durmiendo en nuestra cama plácidamente sin haberse enterado de nada.  Seguimos en la piscina, desconectados del mundo, me preguntan por la placenta, ¡Es verdad, ni me acordaba de ella!, la verdad es que no tengo ganas de empujar, me invitan a salir de la piscina, Juan coge al bebe, me pongo de pie y plaf! Alumbro la placenta, Luci la coge al vuelo con una olla! Ahora sí, el parto ha acabado. Me revisan el periné, ¡ni un desagarro! ¿Podía ir mejor la cosa? Ponemos a Julen en el pecho y se engancha como un campeón! Tenemos hambre y Juan prepara unos bocadillos deliciosos que acompaño con un buen batido de frutas! Mmm sabe a gloria! No estoy nada cansada, estoy eufórica, deben ser las 5 de la mañana cuando hago el primer pipí, todo está genial así que Luci y Roser deciden irse a descansar y al día siguiente se pasarían.

Sin duda, ha sido uno de los momentos más intensos y maravillosos que he vivido en la vida. Un momento que repetiría sin dudarlo.

Gracias a Leire, mi pequeña bebe, que ella con solo dos añitos ha sido la que más me ha ayudado, porque se, que aunque me equivoqué en la elección del hospital, ella siempre me estará agradecida, y yo a ella, por haberme enseñado a parir y a ser madre.

A Juan, porque desde el primer momento me ha apoyado, confiando en mí, aunque él siempre ha tenido sus miedos siempre ha sabido que era la mejor elección. Por todas esas noches en las que lloraba pensado que nunca sería capaz y tú me animabas sin dudar de mí. Te quiero!

A mi familia, porque aunque nunca supimos cómo iba a acabar todo (aunque creo que algo se olían). Cuando se enteraron que iba a intentar dilatar en casa no me tacharon de loca y me apoyaron muchísimo! Sobre todo mi hermana, Mireia, que ella si sabía parte del asunto y nunca nunca me ha juzgado! Os quiero!

A Laura, Bea y Jenny, unas doulas whatsaperas que siempre me han dado mucha fuerza y ánimo. Esas parrafadas que les escribía con tanto tanto miedo y ellas que nunca dudaban en contestar lo bien que lo haría! Gracias de corazón!

Y como no, a las comadronas, en general a todo el equipo de NaC, por vuestra transparencia, por ser tan humanas, comprensivas y profesionales. Hacéis un trabajo maravilloso. Pero en especial;

A Raquel, por conocerla, y por esas visitas que hemos tenido en casa, eres un amor de persona!

A Laia; por esa primera visita, que nos destapaste tantos mitos, saliendo de esa visita con las ideas claras y sabiendo el camino que íbamos a seguir.

A Roser, que atendiste el parto, me diste mucho apoyo y mucha fuerza que sin ti, quizá me hubiera rendido antes.

A Luci, otra gran mujer que estuvo presente ese gran día, con su sonrisa y sus abrazos que siempre me han apoyado.

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