Nacimiento de Èric

Me considero una mujer afortunada porque la experiencia de mis dos partos ha sido buena.

Indagando un poco más, diría que mi primera experiencia “no estuvo mal”: parto “casi” natural, sin epidural, sin correas, sin tactos innecesarios, bastante respetado por las comadronas de la clínica… Lástima que cuando llegó la ginecóloga tuvo prisa, y en lugar de darme un poquito de tiempo, al tercer pujo ya me estaban haciendo la episiotomía y una Kristeller. La suerte estuvo de mi parte y al no haber habitaciones disponibles, nos dejaron a mi niño, mi marido y a mí en el paritorio durante un buen rato, con lo que el inicio de la lactancia fue un éxito. En general, no me puedo quejar.

Sin embargo, mi segundo parto fue ESPECTACULAR! Cuando me quedé embarazada, ya había hecho los deberes. Me había leído todos los libros que hay que leer. Estaba mucho más informada. Y tenía muy claro que quería parir en casa con Inma. Mi marido, sin embargo, no lo tenía tan claro. Al haber tenido una experiencia hospitalaria “nada traumática” no entendía por qué era necesario “correr el riesgo”. No hizo falta mucho más que una visita con Inma para que todas las dudas se desvanecieran. Inma tenía respuestas para todo, estaba informada, estaba al día y, sobre todo, iba a estar todo el rato pendiente de mí. Eso le gustó. Le gustó mucho.

Total, que empezamos llevando el embarazo con ella, y todo genial. Yo estaba muy bien, el niño muy bien, estaba lista y preparada para parir, no me daba nada de miedo el dolor. Todo bien.

En la semana 34 tuvimos visita en casa. Inma cuando me puso la mano en la tripa flipó bastante. Estaba dura como una piedra. Me pidió que frenara un poco. Que pidiera la baja. Y como suele pasar, yo tenía trabajo, tenía que acabar cosas, bla, bla, bla. Total, que un martes, embarazada de 36 semanas + 2 días, pedí la baja. Y esa misma noche, el trabajo de parto empezó.

Llamé a Inma. A las 22h había tenido un par de contracciones muy espaciadas. Me dijo que había que frenarlo, que me pusiera en la bañera muy, muy, muy caliente y que me bebiera un traguito de alcohol de algo no muy fuerte. Mi tripa, mi pacharán y yo nos metimos en la bañera. Y pararon las contracciones…

…hasta las 5 de la mañana que volvieron. Yo vi claro que paría ese día. No estaba preocupada porque el niño era grande, me lo había dicho Inma y el ecógrafo. Así pues, me levanté, y empecé a preparar el pisito para el acontecimiento.

Moví el árbol de Navidad, la mesa del comedor, saqué todo el material necesario y lo puse a mano, preparé la mochila del cole de Marc, su desayuno… Y las contracciones cada vez iban siendo más seguidas.

Así que sobre las 6h, puse la calefacción a tope, pues era el día más frío del año, y me metí en la bañera. Estuve un rato, hasta que me cansé. Y entonces salí para ponerme guapa. Me sequé el pelo, me pasé la plancha, me repasé las cejas…

Y a las 7.30h empezó la actividad. Mi marido se levantó, Marc también, se prepararon para ir al cole, y a las 8.30h llamé a Inma. Contracciones cada 7-8 minutos. Bastante intensas.

Xavi, mi marido, me dijo que se iba a trabajar y que ya le llamara. Y justo cuando salía por la puerta, lo vi claro y le dije “no vayas a trabajar, lleva a Marc al cole y trae un kilo de naranjas”.Era lo que me faltaba de la lista que me había dado Inma.

Bajé la luz, puse a Etta James a todo trapo, y me tumbé en el sofá en postura mahometana. El tema ya empezaba a ser serio.

Me llamó Inma. Me dijo que venía, dejaba las cosas y miraba qué tal estaba el panorama, para ver si se quedaba o se iba.

Sobre las 9.45h llegó mi marido. Y cinco minutos después Inma con sus mil bultos!

Yo estaba tranquila, y muy cómoda. Me preguntó si quería un tacto para saber cómo iba. Le dije que vale. Y flipamos. Dilatada de 4 cm y cuello del útero borrado. Viento en popa. Inma se quedó.

Total, que me metieron en la habitación para que me encontrara con mi planeta parto (no hubo manera) y ellos se pusieron a hinchar la piscina y prepararlo todo. Yo estaba a gusto, muy conectada, enterándome de todo.

Me trajeron una naranja. Buenísima. Una infusión de canela. Me supo a gloria. Me preguntó Inma que “¿Qué tal?” y yo le contesté “Bien, ¿y tú?”. Esa anfitriona que hay en mí… De tanto en tanto escuchábamos el latido. Todo en orden. Y yo iba durmiendo a ratos.

Sobre las 11.45h Xavi salió a comprar algo que necesitaban. Y la portera, nerviosa como una pasa, le dijo que nos estaba preparando un caldito. Xavi subió y me lo contó. Y a mí, más que un caldo, me apetecieron unas lentejas. Y para abajo que se fue para pedirle a la portera las lentejas…

A las 12h estábamos listos para llenar la piscina. Les oía maquinar desde la habitación sobre no sé qué de una llave inglesa… Ay Dios mío que me rompen el grifo!!! Total, que llamé a Xavi y le dije exactamente lo que tenían que hacer para conectar la manguera a la ducha. Terrenal. Muy terrenal.

Sobre las 12.30h entraba en el agua calentita de la piscina. Buff, qué bien! Y lo primero que pensé fue “que no se me moje el pelo”. Presumida que es una… Y terrenal…

Y empecé ya a gritar. Cada vez más fuerte. Enseguida mi cuerpo supo qué postura tomar: arrodillada, apoyada en la pared de la piscina y en mi marido, que estaba sentado en la sillita de Marc, aguantando mis gritos directamente en su oreja.

Empecé a empujar. Y recuerdo que gritaba “que me cagoooo!”. Muy fina.

Inma me dijo susurrando: “sí, parir es como cagar un melón”. Una información que en aquel momento no me consoló mucho.

Empujé otra vez. Y otra. ¡Y SALIÓ LA CABEZA! Yaaaaaa????

Inma me dijo si la quería tocar, y yo le dije que de ninguna manera!!! Quería que saliera el resto del cuerpo!!!!

Empujé una vez más, y salió! Espectacular! Salió con la bolsa intacta, en silencio, con mucha clase. Eran las 13.06h.

Me tuvo que decir Inma que lo cogiera, estaba en la piscina flotando, unido a mí por el cordón. Era muy azul, lleno de vernix, y estaba muy tranquilito. Lo abracé y me lo puse en el pecho. El cordón no daba para más.

Estuvimos así un rato. El cordón dejó de latir a los 20 minutos más o menos, y entonces Xavi lo cortó.

La placenta seguía dentro. No tenía prisa por salir. No tenía contracciones.

Recuerdo que me no tenía dolor, estaba muy bien. Le di a Èric a su papi y salí de la piscina para tumbarme en el sofá. Pusimos al bebé sobre la tripa para que se enganchara el solito a la teta. Y vaya si se enganchó! Fue maravilloso!!!

Casi una hora después de haber nacido Èric, salió la placenta. Esta parte para mi no tiene nada de glamurosa, así que mejor no dar detalles, jajaja.

Era una sensación tan perfecta estar allí en mi casa, con Xavi y Èric… Y entonces llegaron las lentejas!!! Una olla para mil personas, qué buenas!

Inma me examinó. Un pequeño desgarro, nada serio. No hizo falta suturar.

Pesamos a Èric que eran casi las 15h. 3 kilos! Menos mal que se adelantó! Y ya llegó el pediatra a examinarlo. Todo genial.

Así que, nos comimos las lentejas!!!!

A las 17h llegó Marc del cole. Fue muy bonito, porque se había ido por la mañana y no tenía hermanito, y cuando volvió allí estaba. Esa es la maravilla de parir en casa. Eso y que luego por la noche dormimos los cuatro juntos en mi cama.

Mi recuperación fue rápida y el puerperio muy bueno. Como dice Inma, “estoy hecha para parir”. Pero todo fue más fácil y mejor porque fue como yo quise. Y eso, no tiene precio.

GRACIAS A TODAS LAS COMADRONAS DE NAC POR HACER REALIDAD LOS SUEÑOS DE TANTAS MUJERES Y HACER MÁGICA LA LLEGADA A ESTE MUNDO DE TANTOS BEBÉS! SOIS MUY GRANDES!!!!!

Share this Post: