La historia de Anahi – PVD3C

LAS CESÁREAS DE SUS TRES PRIMERAS HIJAS: MARINA, AINA Y ELISA.

Mi primera hija nació por cesárea hace ya casi 10 años. El embarazo fue fenomenal, la verdad, a nivel físico estuve hasta el último día trabajando y todo correcto. Ahora cuando miro atrás me doy cuenta que no estaba todo lo conectada con el bebé que estaría ahora y quizás ello llevó en parte a que el parto acabara en cesárea.

Fue una noche de jueves que me di cuenta que perdía algo de líquido y que no era flujo ni orina, si no más bien agua. Nadie me había hablado de la posibilidad de que el parto empezara así, siempre parecía que debía empezar con contracciones o con una rotura de bolsa espectacular…

Al llamar a la clínica me dijeron que fuera, yo tenía mucho miedo, muchos nervios. Cuando llegué y comprobaron que realmente había fisurado la bolsa me dijeron que pasara allí la noche a ver si empezaba el trabajo de parto, y por la mañana llamarían al doctor.

Marina, nacida el 25/01/2002 en una primera cesárea

Mi hija nació tranquila un viernes por la tarde, nuestras primeras miradas se cruzaron y se la llevaron. Lloré en quirófano pero en seguida me llevaron con ella después de coser la herida. Después de todo no la viví para nada traumática. Lo que sí me sorprendió fue el dolor físico y la recuperación. Pensaba que una cesárea era algo más sencillo y tardé como 15 días en ser persona otra vez.

Al cabo de un año volví a quedarme embarazada, este embarazo fue una montaña rusa. De alguna manera la bebé llamaba la atención al poco caso que yo le hacía . Tuve alterados varios análisis, me hice la amniocentesis, tuve que repetir la ecografía morfológica… en fin, no lo viví tan feliz como el primero. Además del cansancio de tener una hija de un año, claro.
Mi ginecólogo, el mismo, desde la primera visita me indicó que debía programarme una cesárea por cesárea previa. Yo ni me cuestioné que tuviera que ser de otra manera. Así llegó el día del ingreso, en la semana 38. En quirófano me di cuenta que no me había hecho efecto la epidural, así que decidieron dormirme completamente. Ya no recuerdo nada más hasta que desperté sola en una habitación, sin saber si estaba viva o muerta ni si mi hija estaba bien. Les siguientes 24h fueron terribles, no reconocer a mi hija, no recordar ninguna de las conversaciones que tuve con mis hermanas… Aunque la recuperación física de la operación fue mejor, psicológicamente quedó algo tocado pero escondido.

Aina, nacida el 28/10/2003 en una segunda cesárea

Después de 3 años me quedé embarazada de mi tercera hija. En ese momento ya empecé a sentir que quería vivir un parto de otra manera, pero con dos cesáreas previas, ya no había quien me ayudara, en mi entorno. Mi única opción era irme a 300 km de mi casa, opción que en ese momento se me hacía imposible. Al final mi tercera hija nació por cesárea respetada, con una ginecóloga que entendía todos mis sentimientos. En cuanto nació me volqué en ella tantísimo, porque me sentía muy culpable e intenté compensar con la crianza lo que sentía que me había perdido con la cesárea.
Elisa, nacida el 03/01/2008 en una tercera cesárea, esta vez, más respetuosa.

Después de unos años hice un curso de doula y empecé a despertar y descubrir todo lo que me había perdido, todo lo que se me había robado, más bien, lo que me había dejado robar…
Acordamos tener un cuarto hijo y el relato completo lo encontraréis a continuación. Pudimos tener un parto en casa con una comadrona española que confía en las mujeres, sobretodo en las que tenemos cicatrices en el útero (http://inmamarcos.blogspot.com/).
Espero que con este relato pueda ayudar a empoderar a mujeres que desean tener un parto vaginal después de cesárea.

 

EL PVD3C DE BLAI.
Domingo 13 de marzo (semana 40+6) a las 3h de la madrugada, me levanto porque me llama Elisa, mi hija pequeña. Al volver a la cama y estirarme… mojo las braguitas… ¡No puede ser!. No puede ser que el parto empiece con una fisura en la bolsa, pero qué mala suerte, mis temores hechos realidad… Por qué no una rotura franca y escandalosa?, ¿¿Por qué ser tan maniática de la limpieza??. Con una fisura en la bolsa acudí al hospital cuando iba a nacer mi primera hija y ya no me dejaron marchar. Como no inicié el parto en 12h, antibiótico e inducción que acabó en cesárea, la primera de las tres. Enseguida pensé: ¿cómo puedo tener tan mala pata?
Suerte que ahora sé más… Michel Odent dice que 6/10 mujeres en las primeras 24h y 9/10 en las 48h siguientes a la rotura inician el trabajo de parto… Además, Inma y Mireia me respaldan con evidencia científica hasta 4 días con bolsa rota… Me relajo, o lo intento.
Paso todo el domingo, me hago las últimas fotos con la barrigucha. Por la tarde sale algo de tapón, moco rosado (esto no lo había visto nunca aún) y noto un dolorcillo de regla constante… estoy feliz… Le envío un sms a Nuria, necesito sentir las velas de la lista…
Por la noche, cuando todos ya se acuestan, me doy un baño de inmersión en la bañera de mi casa (sé que Inma no lo aprueba, pero necesito relajarme y confío en que no va a haber infección). Visualizo cómo el cuello de la matriz se abre, cómo Blai desciende. Hablo con él, le digo que venga cuando se sienta preparado, que tengo muchas ganas de verle.
Me meto en la cama y al cabo de un rato, sobre las 00h, siento 3 pinchazos muy fuertes, que me asustan muchísimo. Estoy por llamar a Mireia, a Cristina, la doula… Tengo miedo de no saber qué es una contracción, de no saber hacerlo… Intento serenarme y bajo al sofá, no quiero despertar a David ya que si no empieza el trabajo de parto irá a trabajar. Tengo unas pocas contracciones que se paran en cuanto consigo calmarme. Sobre las 3h me quedo dormida y a las 6h David va a trabajar.
Por la mañana llamo a Mireia, necesito que venga, que ausculte al bebé, aunque en el fondo sé que está bien. Tengo miedo, le repito que no sé si sabré reconocer cuando empiece, reconozco haber perdido toda la confianza en mí. Quedamos que si la cosa sigue igual, por la tarde me hará algo de reflexología para activar. Llamo a mi madre y le digo que ya recoja ella a las niñas y se encargue, que he echado el tapón y en cualquier momento podemos salir al hospital (no sabe nada de mis intenciones de parir en casa).
Por la tarde vienen Mireia y Cristina, hacemos reflexo, hablamos, reímos y luego se van, hacia la hora de cenar. Cenamos David y yo solos, pensando que aquella noche sería la noche, fantaseando sobre cómo será.
Después de cenar tengo algunas contracciones cada 10-12 minutos. Aunque no van a más, al cabo de un rato llamo a la doula, no sé por qué no puedo estar sola. Siento que no saber qué me espera, aunque he leído mil libros e historias, el no saber qué sentiré, me supera y bloquea. Y sobretodo el no saber si podré. Viene Cristina, estamos un rato, no llevo las contracciones nada bien. Llamamos a Mireia, aunque me da cierta vergüenza, pero no me siento segura. Viene y me confirma que no estoy de parto, pero se queda dormida en el sofá a mi lado. Se paran las contracciones cuando me calmo y por la mañana se va. Me dice que Inma vendrá a media mañana.
Ya es martes… Será posible que sea la 1/10 que según Odent no se pone de parto después de 48h de bolsa rota???
Empieza el agobio, ya no quiero entrar en el ordenador, ¿para qué habré dicho nada en la lista?. Estoy triste, no sé ponerme de parto… no quiero ir al hospital…
A mediodía viene Inma y me dice que llevo muchas horas con la bolsa rota, que no puedo ir tirando de Mireia cuando el parto aún no ha empezado, que estoy actuando como si estuviera de parto y aún no lo estoy y que tendría que guardar energía, la mía y la de todos, para cuando sean necesarias de verdad… Rompo a llorar, me siento como una cría a la que riñen, lloro porque no entiendo por qué no se inicia el parto, porque siento que me riñen por una cosa que no sé controlar… Le digo que las necesito a mi lado y ella me contesta que por experiencia sabe que cuando las comadronas están desde la primera contracción, los prepartos se alargan. Después de la llorera, me dice que tenemos que empezar a quemar cartuchos para que se desencadene. Por la tarde tomaré aceite de ricino, efectivo en un 80-90% de los casos, a ver qué tal.
Cuando se va me quedo hecha polvo, aunque David y Cristina no consideran, como yo, que me haya reñido, yo sí me siento mal. Además, empiezo a pensar que si el aceite de ricino no funciona, al día siguiente iremos al hospital.
Se queda mi doula a comer con nosotros y viene también su pareja con el bebé que tienen. Meditamos un rato, hacemos Reiki, hablamos con Blai, su bebé toca la barriga y parece que también habla con Blai. La pareja de mi doula me dice, antes de irse, que no luche contra las contracciones, que les dé la bienvenida y las acompañe de principio a fin, que veré que puedo tolerarlas mucho mejor… Pienso… ¿cómo había podido olvidarlo…?
Cuando se van, sobre las 17:30h tomo 40ml de aceite de ricino y Dios mío, jamás me hubiera imaginado que llegaría a este punto, ¡qué asco!. Aprovechamos para tener un ratito de intimidad con David, pero no me siento para nada relajada, así que nos estiramos a descansar.
Se levanta David y yo ya llevo una hora con contracciones, que ahora son cada 7-8 minutos. Empiezan a aumentar de intensidad, a las 19:30h ya son cada 5 minutos y enseguida pasan a ser cada 2-3 minutos. La doula ya ha vuelto a casa, yo siento ganas de vomitar. Le digo a David que llame a Mireia y subimos al lavabo.
Vomito con una fuerza que no había sentido nunca y me quedo en el lavabo, con la pelota de dilatación entre el bidet y el váter. Oigo cómo David llama a Mireia y le relata los minutos en que se han sucedido las contracciones y a partir de ahí ya pierdo un poco el sentido de la realidad, centrándome sólo en acompañar las contracciones en la subida y la bajada con un “aaaaaaa”. Veo que cuando no pillo una contracción desde el inicio, se me descontrola y duele mucho más.
Llegan Mireia e Inma pero no sé a qué hora ni quién ha llegado primera ni nada, sigo a lo mío, entre el váter y el bidet, bocabajo sobre la pelota de dilatación.
Durante las contracciones tengo a David a mi derecha, ofreciéndome su mano a cada contracción y a la izquierda se turnan Inma, Mireia o Cristina. Me alivia mucho un cojín de semillas caliente o un masaje en la zona del sacro.
Al cabo de un rato considero que ya llevo bastante rato dilatando y les pregunto cómo lo ven, cómo creen que voy. Quiero que me digan que voy bien! No soportaría que me dijeran que estoy sólo de 3cm… No me hacen tacto, miran la línea púrpura y como en las últimas contracciones he empezado a sentir ganas de empujar, me dicen que adelante, que voy muy avanzada y si el cuerpo lo pide…
Empiezo a empujar al final de cada contracción, pasando por la silla de partos, postura de cabaret, a 4 patas sobre la pelota… Pero parece que los pujos no son efectivos. Inma sugiere un tacto porque sangro unas gotas al final de cada pujo y vaya chasco! Estoy de 6-7 (aunque no me lo dicen en el momento) y con el cérvix duro, tengo que dejar de empujar. Me llenan la bañera con agua muy caliente para frenar los pujos y acabar de dilatar. Me dice Inma que aguante 1h en el agua y que no empuje. Me meto en el agua y realmente las contracciones se suavizan. Voy haciendo “uuuuuuu” en cada contracción, para no hacer fuerza. Pero cuando llevo 1/2h siento unas ganas tremendas de empujar y me siento muy frustrada por no poder hacerlo y culpable por si puedo hacer daño al bebé o a mí misma.
Me dice Mireia que salga del agua porque me ve agobiada e Inma me sugiere un tacto y sorpresa!! Estoy de 8-9 y el cérvix blandito! Me sugiere que si quiero puede sujetar el cm de reborde del cérvix que falta durante 3-4 contracciones… Le digo que adelante, son las contracciones más dolorosas de toda la noche… Pero acaban con una sonrisa de oreja a oreja de Inma “estás en completa”.
Ya no sé qué hora es, pero empiezan los pujos, que se me hacen eternos… hago caca, enseguida asoma su coronilla, pero se esconde de nuevo, tarda mucho en bajar. Yo grito, grito mucho… pienso en qué debe pensar el vecino. Grito “me rompo”, “me parto”, “me muero”… se me hace largo, pero paralelamente, siento que no puede hacerlo más rápido…  Necesito manos para estrujar a cada contracción, David siempre está ahí…
Cuando llevamos bastante rato, Inma sugiere la postura de cabaret, no quiero, me da miedo, así que no insiste. Seguimos, me cuelgo de la pileta del lavabo, mi marido me sujeta por detrás (después me confiesa que temía que la arrancara de cuajo de la pared). Probamos la silla… nada, muy poco a poco va bajando… van controlando el latido a menudo “Blai está contento” dice siempre Inma.
Al cabo de un rato, Inma vuelve a ponerse seria, se está largando demasiado y no puede ser… así que accedo a probar el cabaret de nuevo y ahí Blai ya desciende y no vuelve a entrar, eso me anima. Un par de pujos colgada de la pileta con las hermanas Marcos abriéndome la cadera (apretando las crestas ilíacas por detrás) y paso a la silla de partos.
Tengo a Mireia delante, la veo difuminada, como un ángel, Inma está protegiendo el periné con agua caliente, Cristina hace unas fotos preciosas, David me sujeta por detrás. Observo la situación y les pregunto “Si empujo fuerte, se puede romper la cicatriz?”… Se echan las dos a reir y me dicen que la cicatriz hace rato que la hemos dejado atrás!!! Y de ahí, dos pujos y sale la cabeza de Blai, un poco alargada por detrás, yo alucino! Qué grande!! ¡Cómo ha podido pasar!. Me dice Inma, “en cuanto salgan los hombros, lo coges tú”. En la siguiente contracción nace Blai, me lo ponen encima y no puedo ni llorar, simplemente, no me lo puedo creer. Mi marido llora mucho, pero yo estoy alucinada… Son unos instantes maravillosos, qué emoción tan grande, qué inmensa felicidad…

Blai, nacido el 16/03/2011 en un pvd3c en su hogar.

De ahí nos metemos en la cama, dejamos el cordón latir (70cm de cordón!) y pasados unos 20 minutos, David lo corta. Me levanto para alumbrar la placenta en la misma silla donde una hora antes había dado a luz a mi hijo. Todo bien, no sangro excesivamente. La revisamos, ¡es grande!. El periné está bien, un pequeño bocado en el lado derecho que pido que no cosan si no es imprescindible.
Nos metemos en la cama, me tomo un batido con placenta, naranja y miel que me sabe a gloria (recuerdo entonces no haber probado bocado desde la vomitada). Y ahí nos quedamos los tres, en la cama, mientras Inma entra en la lista para informaros de su llegada y yo llamo a mi madre…
Bienvenido Blai. Gracias David, Mireia, Inma, Cristina, Patrícia y Víctor. Gracias a Apoyocesareas, DonaLlum y EPEN. ¡Gracias a la Vida!

Anahí y el maravilloso equipo que la acompañó en el nacimiento de su hijo.

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